Canto a Sevilla

 

CANTO A SEVILLA – PEPE MARCHENA -( VIDEO)

 

Esta luna gentil de primavera

tranquila, placentera, que reina en el azul,

cuna de un rayo que no llegó a vibrar.

Cairel y broche del capote de lujo que en la noche,

esquiva y huye la humedad de Mayo.

Esta luna gentil de primavera, mujer al fin,

se ha remilgao la falda

bajó taconeando con la cera

y recostada al pie de la Giralda

habló al Guadalquivir de esta manera:

 

¿Qué has hecho con mi amor?

aunque me alfombres

la tierra de las flores más bonitas,

aunque ampares mi espalda

con un manto de luz y la esmeralda

por siempre me rodee,

si al fin me quitas el amor más dulce

y amado de los hombres, me tendré que morir;

dí, Padre Río

¿Dónde fuiste a ocultar el amor mío?

 

Betis enmudeció, y los ruiseñores

dejaron de cantar  y no esparcieron

su risa de cristal los atanores

Y se pusieron lívidas las flores

y rígidos los tallos no mecieron

los cuerpos a compás de tonos y dolores

y el campo tumba fue, cuando supieron

¡ay ojos que lo vieron!

la muerte del amor de sus amores.

 

Lleva el Guadalquivir llanto en sus ondas

y cimbreando su curva entre las blondas

van haciendo pucheros las mantillas.

Y el tornavoz del puente de Triana

publicó la espantosa pesadilla.

 

Y Córdoba sultana

y Ronda la moruna y la serrana

plañen por el torero, Maravilla

hijo infeliz de la fecunda hermana

orgullo y par de la simpar Sevilla.

 

Lloran ante la reja los bordones

repitiendo el hipar de la falseta

y lloran al pulsar los corazones

los sonajeros de las panderetas,

los chinos de marfil de los mantones,

los calados de luz de las peinetas,

y lloran al pasar las procesiones

con el llanto hecho voz de las saetas:

 

Eres morena y sevillana

de la Macarena sol,

y en el cielo soberana.

Eres la madre de Dios.

Tu eres la estrella de la mañana

 

Ven pasajero y dobla tu rodilla

que en la Semana Santa de Sevilla

porque ha muerto José,

este año estrena lagrimas,

lagrimas de verdad, La Macarena

 

Autor: Enrique López Alarcón

 

 

 

La hija de Juan Simón

La hija de Juan Simón – Marchena, Angelillo, Molina, Valderrama – (video)

 

Cuando acabó mi condena
me vi muy solo y perdío
ella se murió de pena y yo,
que la causa he sío,
sé que murió siendo buena

La enterraron por la tarde
a la hija de Juan Simón;
y era Simón en el pueblo
era Simón en el pueblo ¡ay!,
el único enterrador.

El mismo a su propia hija
al cementerio llevó
el mismo cavó la fosa
murmurando una oración
y llorando como un niño,
del cementerio salió.

Como en una mano llevaba la pala
y en el hombro el azadón,
y todos le preguntaban
de donde vienes Juan Simón
Soy enterrador y vengo
de enterrar a mi corazón.

 

Autor:  Daniel Montorio Fajó / Mauricio Torres García / Concepción Camps

Milongas

MILONGAS – PEPE MARCHENA -(VIDEO)

 

Por las trenzas de tu pelo

un canario se subía

y se paraba en tu frente

y en tu boquita bebía

creyendo que era una fuente.

 

Yo me asomé a tu ventana

por ver lo que estabas haciendo

y vi que estabas llorando

la culpa yo no la tengo

de lo que te está pasando.

 

Quisiera ser colorete

pa adornarte la carita

y darte un beso en los labios

y morderte la boquita

eres más guapa que nadie

y el sentio  a mi me lo quitas.

 

No se muere nadie no

porque quiera con delirio

cuando no me he muerto yo

pasando tantos martirios

como un querer me costó.

 

En una cierta reunión se dio

una comida un día y allí

se ha partio un melón

única fruta que había.

 

yo partí de mi sandia

y le brindé a una casada

y me dijo desconsolada:

Muchas gracias caballero

que luto tengo y no puedo

comer fruta colorada

Milonga flamenca

MILONGA FLAMENCA -PEPE MARCHENA – (VIDEO)

 

Eres mi vida y mi luz
morena de mis amores.
Por eso tanto te quiero
María de los Dolores.

Cambiaste el sol por la luna
y agua dulce por salobre.
El mar por una laguna
y el oro fino por cobre.
Media naranja por una.

Cayó una perla en un lirio
la bañó un rayo de luz.
Yo lloré con sentimiento,
entonces naciste tú
solo para darme tormento.

Nada le debo a la vida,
nada le debo al amor.
Aquella me ha dado amargura
y el amor una traición.

Romance a Córdoba

ROMANCE A CÓRDOBA – PEPE MARCHENA -(VIDEO)

Es morena y cordobesa,
tiene aire de sultana
y corazón de princesa.

 

En Córdoba la encontré
cuando en la feria de mayo
las treinta mulas compré.

 

Comentando la corría
en la que Antonio Cañero
sacando su jaca hería
puso el rejón más certero
que había puesto en la vía.

 

Estábamos Paco Gil,
Pedro, el de Puente Genil,
y el Niño Sabio de Lora
en la puerta el Mercantil
tomando una de “pastora”.

 

¡Qué trajín! ¡Qué algarabía!

 

Con el bullir que no cesa,
en el que contribuía
la gracia y soberanía
de la mujer cordobesa.

 

No se puede figurar
el que aquello lo conoce,
cuando fuimos a comprar
la yegua, en el rumor de las voces
de la calle Gondomar.

 

Como reguero de hormigas
las mujeres paseaban
y en el pecho toas llevaban
flores en lugar de espigas.

 

Entre mujeres y flores,
pasaban los domadores
por delante de nosotros,
luciendo sobre los potros
los atalajes mejores.

 

¡Vaya coches! ¡Vaya troncos,
donde los caballos broncos
mostraban todo su brío!
Iban los cocheros roncos
de tanto hablarle al gentío.

 

Entre aquella animación,
un grito de admiración
alarmó a la gente seria
cuando por la Concepción
se vio subir de la feria

 

el cuerpo más soberano,
más gallardo, más serrano
que viera del sol la luz
sobre un potro jerezano
del mejor hierro andaluz.

 

¡Vaya mujer con hechuras,
luciendo el traje campero
al sonar las herraúras
del caballo postinero!

 

Pues, ya ves si llevaría
el potro con gallardía,
que hasta el propio Cañero
tiró a su paso el sombrero
diciéndole una alegría.

 

Mezcla de gitana reina,
llegó entre palmas y olés,
espuelas de oro en los pies
y por corona y por peina
un sombrero cordobés.

 

Al paso del alazán
la gente se descubría,
pues todo el mundo creía
que llegó el Gran Capitán,
el alma de Andalucía.

 

Le dio dos vueltas al paseo,
el potro con el braceo
no cabía en la ancha calle
y al compás del manoteo
quebraba su lindo talle.

 

Y aquella mujer preciosa,
de hermosura tan completa,
se iba meciendo orgullosa
como en la mejor maceta
se mece la mejor rosa.

 

Hablé con ella, fue mía…
Puse en ella mi alegría,
mis afanes y mis penas
y hoy por su gusto daría
más sangre que hay en mis venas.

 

Sé que no me pertenece,
que no es de mi condición,
pero ya no hay solución,
el hombre siempre obedece
cuando manda el corazón.

 

Julián Sánchez Prieto, Pepe Marchena